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Por favor protégase de los Tóxicos Domésticos.

Por: Debra Lynn Dadd, autora

Desde 1982, fecha en que publicó por cuenta propia su primer libro, Debra ha sido una precursora en el campo de la defensa del consumidor. Su mensaje se centra en el impacto que tienen en el medio ambiente y en la salud las decisiones que toma el consumidor así como el estilo de vida que elije. De los siete libro que ha escrito Debra, el más reciente, titulado Home Safe Hom (Hogar Seguro, Tarcher/Penguin), salió en la primavera de 2005. Su mensaje ha llegado a importantes mercados a través del país, pues ha sido entrevistada en numerosos programas de televisión y de radio, entre los que se cuentan el Today Show, Geraldo, CNN y NPR. Se han escrito artículos sobre Debra en varios periódicos locales y en USA Today, el New York Times, el Washington Post y el Boston Globe. Además, Debra hace consultas. Vive con su esposo en un hogar libre de tóxicos en la ciudad de Clearwater, Florida.

El que la vivienda pueda calificarse de saludable o malsana es una idea relativamente nueva. Durante la última década, tanto la comunidad médica como la científica han reconocido que sustancias químicas en el hogar pueden tener efectos adversos en la salud, por lo que se han acuñado términos como “tóxicos domésticos” y “contaminación del aire de interiores”.

Como tantas otras personas, siempre pensé que si un producto estaba en el mercado, tenía que ser seguro. Mi dolorosa experiencia me ha enseñado que nada puede estar más lejos de la verdad.

La mayoría de los productos de consumo que utilizamos a diario contienen sustancias químicas tóxicas cuyo manejo en un laboratorio o en el lugar de trabajo exige precauciones especiales. De hecho, en la industria se requiere que los empleados utilicen guantes, gafas de protección y, en ocasiones, hasta máscaras antigás al trabajar precisamente con algunas de las mismas sustancias químicas que encontramos en casi todo hogar. ¡Y pensar que utilizamos estos mismos productos en casa sin ningún tipo de protección y sin la ventilación adecuada!

Durante gran parte de mi vida no supe lo que significaba sentirse bien. De niña, así como a lo largo de la adolescencia y hasta poco más de los 20 años, me plagaron los mismos síntomas. Llegué a pensar que era normal sentirse así. Casi siempre tenían los ojos hinchados, padecía de dolores de garganta y de cabeza, y un severo acné cubría la parte superior de mi cuerpo. Viví la mayor parte de mis días con depresión leve, me faltaba motivación y confianza en mí misma y estaba demasiado cansada para participar incluso en las actividades que más me interesaban.

Finalmente, en 1978, descubrí la causa de mi malestar: la exposición a sustancias químicas de productos domésticos. Creí que mi enfermedad era una reacción anormal a sustancias inofensivas. Pero aprendí que la reacción es muy frecuente. Leí informes gubernamentales, textos de la industria y libros de toxicología para conocer el contenido de estos productos comunes. Cada uno de los componentes que me hace daño, sin excepción, se clasifica en los libros de toxicología como sustancia con reconocidos efectos tóxicos. Al fin me di cuenta que poco a poco me estaba envenenando en mi propio hogar.

Pero no soy la única que se ha visto afectada. Es cierto que hay quienes somos más susceptibles que otros y que algunos productos solo causan daño luego de muchos años de repetida exposición. No obstante, mi investigación ha revelado que los productos químicos domésticos representan una amenaza para la salud de cualquier individuo. Se les vincula con casi todo tipo de síntoma imaginable, tanto físico como psicológico; incluso, se han asociado con cáncer, defectos congénitos, mutaciones y afecciones cardiacas. Recientemente los científicos han descubierto que dichos tóxicos pueden alojarse en el sistema endocrino, lo que contribuye a problemas de la tiroides, diabetes, aumento de peso y esterilidad. Los grupos de mayor riesgo son fetos, niños, ancianos y enfermos. No obstante, estas sustancias ponen en peligro la salud de todos nosotros diariamente.

De inmediato comencé a desintoxicar mi casa. Reemplacé las sustancias tóxicas por alternativas seguras. Cuanto más tóxicos tiraba, mejor me sentía, hasta que quedé totalmente libre de los síntomas debilitantes. Desde aquel entonces, he dedicado mi vida a comunicar a otros lo que he aprendido sobre los tóxicos domésticos. De haber sabido antes la verdad sobre los productos domésticos tóxicos, los habría evitado del todo y me hubiera ahorrado además de mucho dinero, años de angustia física y emocional.

Ahora usted también está al tanto de que la mayoría de los productos que utiliza en casa contienen sustancias tóxicas. Por tanto, no hay necesidad de exponerse a sí mismo ni a un ser querido al riesgo de padecer una enfermedad crónica o un envenenamiento letal. En sus manos está adoptar medidas preventivas y proteger su salud. Hoy por hoy el mercado ofrece alternativas a los productos tóxicos que son saludables, eficientes y asequibles.

He aquí un poco de lo que he aprendido

El 92% de la totalidad de casos de envenenamiento ocurre en casa con productos domésticos comunes tales como medicamentos, agentes limpiadores, cosméticos y artículos para el cuidado personal. Cada 13 segundos alguien llama a un centro de control de envenenamiento debido a alguna exposición a veneno en el hogar. En 2002 se reportaron a dichos centros más de dos millones de casos de exposición a veneno. (Asociación Americana de Centros de Control de Envenenamiento 1-800-222-1222).

Básicamente, hay tres maneras en que un tóxico puede entrar al cuerpo: por ingestión, por inhalación y por contacto directo con la piel o los ojos.

Por lo general, cuando se habla de envenenamiento, la mayoría de la gente piensa en algo que se ha ingerido. Y con razón, pues más del 75% de los casos reportados a los centros de control de envenenamiento se deben a que se ha ingerido algún producto tóxico del hogar. (Asociación Americana de Centros de Control de Envenenamiento).

Los productos de cuidado personal para la piel y el cabello pueden producir una reacción, pues la piel absorbe estas sustancias. Dichos productos podrían ser jabones, lociones, cremas, cosméticos, champús o desodorantes, entre otros. En 1989 una subcomisión de la Cámara de Representantes encargó al Instituto Nacional de Seguridad y Salud Laboral (NIOSH, por sus siglas en inglés) la tarea de analizar 2,983 productos químicos utilizados en artículos de cuidado personal. El estudio demostró que 884 son tóxicos. De estos, 778 pueden causar toxicidad aguda, 146 pueden causar tumores, 218 pueden afectar al sistema reproductivo, 314 pueden causar mutaciones biológicas y 376 pueden irritar la piel y los ojos. (“El Encubrimiento cosmético” Human Ecologist 43, otoño 1989). En lugar de originar enfermedades, los artículos de cuidado personal deberían promover la higiene, la salud y la belleza.

Claro está, no es mi intención sugerir que cualquiera que utilice una o dos veces un producto que contiene algún ingrediente tóxico tendrá problemas de salud, aunque esto sí ha ocurrido muchas veces. Lo cierto es que la mayoría de los envenenamientos ocurre gradualmente, al cabo de un extenso período de tiempo. Diariamente, la piel va absorbiendo los tóxicos o las sustancias se van acumulando en el cuerpo a medida que se inhalan.

Los médicos han descubierto que con el tiempo los tóxicos se acumulan en el cuerpo. En un estudio realizado en 2003 por la Facultad de Medicina de Mount Sinai se halló que un promedio de 91 compuestos industriales se habían introducido en el cuerpo de cada participante. De los 167 compuestos detectados, 76 son cancerígenos, 94 son tóxicos para el cerebro y el sistema nervioso y 79 causan defectos congénitos o anomalías en el desarrollo. (BodyBurden study, La carga corporal http://www.ewg.org).  Quienes tomaron parte del estudio habían estado expuestos a estos productos mientras realizaban sus tareas cotidianas, tal como pudiera sucedernos a cualquiera de nosotros.

La gente suele sorprenderse cuando le informo que los tóxicos hacen que el aire de interiores sea, por lo general, peor para la salud que los exteriores. De hecho, un informe de la Agencia de Protección del Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés) presentado ante el Congreso señaló que la contaminación del aire interior representa una de las mayores amenazas a la salud ambiental de la nación. Según la EPA, el aire del interior de la mayoría de los hogares es de dos a cinco veces más tóxico que el aire del exterior. (Nancy Sokol Green, El envenenamiento de los hijos, The Noble Press, 1991).

Las altas concentraciones químicas de estos hogares se deben en parte a que algunos productos de limpieza y artículos de cuidado personal, así como otros productos domésticos, desprenden vapores tóxicos al aire incluso mientras están almacenados. La próxima vez que visite un supermercado, fíjese en el fuerte olor que se percibe en el pasillo de los productos de limpieza, aun cuando dichos productos están completamente sellados. Puesto que las ventanas de los hogares suelen mantenerse cerradas para conservar calor y ahorrar energía en el invierno y para mantener frío el aire acondicionado en el verano, los vapores tóxicos no tienen vía de escape y se siguen acumulando cada vez más.

Entre las sustancias más tóxicas se encuentran los productos de limpieza. En un estudio que se extendió por quince años se halló que la tasa de mortalidad debido al cáncer en mujeres que trabajan en casa es 54% más alta que las aquellas que trabajan fuera del hogar. Los investigadores llegaron a la conclusión que la elevada tasa de mortalidad se debe a la continua exposición a las sustancias nocivas de productos domésticos. (Amas de casa expuestas a contaminantes, Toronto Indoor Air Commission, 1990). Mi madre y mi abuela trabajaban en casa. Ambas murieron de cáncer, y mi madre solo contaba con 51 años de edad. Creo que ella aún estaría viva si hubiera tenido acceso a la información aquí expuesta.

Solo un comentario final acerca de un problema que me preocupa profundamente: los tóxicos domésticos no solo afectan al ser humano; el medio ambiente sufre también. La manufactura y el uso de estos artículos domésticos producen desperdicios tóxicos, los cuales terminan contaminando el agua, el aire y la tierra. La contaminación del medio ambiente no solo amenaza nuestra salud, sino que también perjudica la fauna.

Por poner un caso, cuando el Departamento de Caza y Pesca del Estado de California realizó pruebas químicas en el agua, halló que las sustancias que más perjudican a los organismos son la legía doméstica, los limpiadores multiuso y los detergentes para lavar ropa y fregar los platos. Estas sustancias resultaron ser más nocivas que la pintura o la cera de autos, los cuales pudieran parecer más tóxicas.

La vida en la tierra es posible gracias al medio ambiente. De él se obtiene todo lo que sustenta la vida. Sin él no podemos sobrevivir.

Lo que usted puede hacer

El primer paso es informarse sobre el tema. Con el fin de ayudar a la gente a dar este primer paso y evitar problemas de salud, he escrito siete libros y este folleto.

El siguiente paso consiste en eliminar los tóxicos de la vida cotidiana. Aunque es cierto que los productos de limpieza y de cuidado personal no son los únicos que contienen sustancias peligrosas, sí están entre los más tóxicos y letales. Felizmente, es muy fácil reemplazar estos productos. Existen tipos de productos de limpieza y de cuidado personal mucho más seguros. Comuníquese con la persona que le dio este folleto para que le haga algunas recomendaciones.

¿Qué siga bien y que disfrute de buena salud!

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